Noticas

El emperador contra el Papa

Cuando el martes de la semana pasada León XIV, a la salida de su descanso semanal en Castel Gandolfo, ordenó detenerse el vehículo en el que viajaba y descendió para hacer unas declaraciones a los periodistas que esperaban en la cancela exterior, muchos quedaron sorprendidos por el tono inusualmente duro y directo que empleó el Pontífice. Estaba a punto de expirar el enésimo ultimátum dado por Donald Trump a Irán y el presidente de Estados Unidos había anunciado, con un lenguaje ciertamente bíblico, que destruiría en una noche “una civilización entera”. Robert Prevost no se anduvo por las ramas y aseguró que esas declaraciones eran inaceptables. Para muchos este era el comienzo de un enfrentamiento —tan viejo como el mundo— entre el emperador y el Papa, pero el primer pontífice estadounidense de la bimilenaria historia de la Iglesia ya estaba avisado del inevitable rumbo de colisión que habían tomado las relaciones entre el Vaticano y Washington. Un enfrentamiento del que probablemente los asesores de Trump, más empeñados en halagarle que en ponerle frente a la realidad, no han medido todas las consecuencias.

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