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Denunciar o callar para no hacer daño al PSOE: todos los miedos de una edil de Torremolinos

Cuando a las puertas de la sede del Partido Socialista en Madrid estallaba el escándalo de denuncias de acoso contra Paco Salazar, con media militancia todavía caliente por el bochorno de los audios de Ábalos y Koldo al referirse a unas mujeres, una concejala que estaba a más de 500 kilómetros al sur de ahí comenzó a sentirse un poco menos sola. Era a principios de julio. El presidente, Pedro Sánchez, prometió en respuesta la creación de un órgano independiente para denunciar el acoso sexual en la agrupación. Y ella creyó que por fin alguien de ahí arriba (Madrid) la escucharía. Había pasado un mes desde que decidiera dar un golpe sobre la mesa que le había costado años y estaba dispuesta a romper la omertá a la que se había sometido para no hacer daño al partido. Aún no sabía que se iba a sentir todavía más sola y que ese silencio no la protegería de nada. Tenían que pasar cuatro meses más.

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