El norte de Israel sueña una vez más con la derrota total de Hezbolá: “Esta vez hay que eliminarlos para siempre”
En la localidad israelí de Zarit, a apenas 650 metros de Líbano, salir de casa implica ponerse en peligro. Los cohetes, drones y proyectiles antitanque que Hezbolá dispara a diario desde que, hace casi dos semanas, se sumó a la guerra en apoyo de Irán llegan en cuestión de segundos. A menudo, el aviso de alerta máxima aparece en el móvil a la vez que ululan las sirenas antiaéreas y la estela del proyectil de Hezbolá se dibuja en el cielo. Hasta cinco veces en una hora, seguidas de escasos momentos de calma relativa. Por eso, aquí, en Zarit; en Metula (otra localidad que roza con Líbano); en la más grande Kiriat Shmona (y, en general, en toda la franja de oeste a este a pocos kilómetros de la frontera), apenas se ven civiles en las calles y carreteras, pese a que la población no ha sido evacuada, a diferencia de octubre de 2023, cuando Israel desplazó a más de 60.000 personas a hoteles y apartamentos a partes más seguras del país.