Sánchez juega fuerte con China
Desde el principio estaba claro que esta no era una visita cualquiera. La delegación española escuchaba sorprendida la explicación de Xi Jinping, uno de los hombres más poderosos del mundo, siempre frío, imperial, inalcanzable. Era la tercera vez que estaban con él en tres años, y esta era muy diferente a las anteriores. El presidente chino les estaba narrando que la vajilla amarilla en la que les servían la comida, muy delicada, perteneció a la familia imperial china, y solo se usa para los invitados muy especiales. Estaba previsto que la cita durara dos horas, y se fue a tres. Y Xi parecía cercano, con un tono muy diferente al de las dos visitas anteriores. Incluso lanzó alguna broma sarcástica con el trasfondo de su tensión con Washington.