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La tragedia empuja a la ultraderecha a una espiral de brutalidad

“Óscar Puente, asesino”, “Partido Socialista, banda criminal” y —el ya clásico— “Pedro Sánchez, hijo de puta”, corea la multitud. Otras proclamas evidencian la presencia allí de ultranacionalistas de sangre y suelo: “Esta es nuestra tierra y hay que defenderla”. Son pasadas las 20 horas del miércoles, día del accidente de Urda (Toledo), y se han concentrado más de mil personas junto al Ministerio de Transportes en Madrid. Están convocadas por Falange, partido heredero de la histórica tradición política española hermana del fascismo, y Revuelta, una asociación vinculada en sus orígenes a Vox que usa argumentos raciales para sus mensajes xenófobos. Hay mucho rostro tapado y mucha ropa negra. Ante el lanzamiento de bengalas y el agolpamiento de manifestantes en el cordón policial, los agentes cargan. Indignado, Pedro Chaparro, presidente de Democracia Nacional, vocea: “Lo que ha ocurrido hoy es una matanza. Esto es de rebelión nacional. Señores, hay que alzarse”. Pablo González, líder de Revuelta, se graba un vídeo imputando al Gobierno las víctimas de Urda, pero también de la dana de Valencia y del accidente de tren de enero en Adamuz. El mensaje anunciado como un “homenaje” a las víctimas de Urda acaba mencionando la crisis de Ceuta y hasta el volcán de La Palma, en un totum revolutum de asuntos de los que culpa al Ejecutivo.

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