Noticas

No ceder al marco extremista

España era, hasta finales de la década pasada, una excepción entre muchos de sus vecinos europeos porque, al culminar el proceso de Transición, no quedaba rastro de la extrema derecha en el Parlamento. Pero, desde que Vox irrumpió en la Cámara autonómica de Andalucía en 2018 y luego en el Congreso, la representación institucional de la corriente nacionalpopulista no ha parado de crecer, sincronizada con la derechización más o menos intensa de casi todas las principales democracias del mundo e impulsada por los tecnoligarcas y la segunda presidencia autoritaria de Donald Trump. Y aunque este giro reaccionario no haya llegado aún al centro de mando de muchos gobiernos, lo indiscutible, y preocupante, es que sus marcos conceptuales calan en la cotidianidad por medio de una batalla cultural que coloca a la defensiva a un progresismo que acaba pareciendo entre anticuado y acartonado. No es solo una cuestión de votos, principios o persuasión electoral; es un proceso, ensayado con éxito desde hace décadas en Estados Unidos, que mediante la manipulación del lenguaje delimita el terreno de juego y determina la manera de pensar y ver el mundo. El propósito esencial de la extrema derecha es normalizar el discurso que sostiene que la modernidad ilustrada está en decadencia para imponer, envuelta en una idea tergiversada del sentido común, una agenda de valores y políticas regresivas presentadas a la opinión pública como una forma de transgresión.

Seguir leyendo