Por fin ya todo se acabó, chica desolada
“No mires a los ojos de la gente. Me dan miedo. Siempre mienten”, aseguraba Golpes Bajos en una canción aún más vibrante que nihilista. Exageraban. Hay miradas que no mienten. Al menos yo sentía un estremecimiento y absoluta compasión cuando observaba en fotografías o en televisión la mirada de Noelia Castillo, esa chica que ha tenido que esperar tanto para que su tránsito hacia el otro barrio o a la nada ocurriera sin sufrimiento, algo con lo que estaba trágicamente familiarizada. Ella intentó largarse un par de veces. No lo logró, pero a cambio quedó parapléjica. Nadie puede imaginar cómo debió sentirse. Pero una asociación de abogados cristianos, en complicidad con el deseo de su padre, estaba empeñada en prolongar su infierno.